“Patio de luz”. Arte contemporáneo en el espacio social.

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“Patio de luz”. Arte contemporáneo en el espacio social.


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Durante noviembre de 2016, en el marco de un proyecto llamado “Patio de Luz”, financiado por FONDART, la artista Francisca Aninat llevó a cabo una instalación en el Hospital San Juan de Dios, ubicado en el límite entre las comunas de Santiago, Estación Central y Quinta Normal, a pocos metros de M100. Distintos objetos inventariados por la institución de salud, pero declarados obsoletos para su uso médico, fueron reutilizados por la artista, para componer su obra en el sector sur del recinto, en una zona conocida como “el patio de luz”. La propuesta además se nutrió de la experiencia de quienes han construido internamente el hábitat hospitalario, en tanto espacio público, potenciando un proceso de expresión colectiva. Así fue como se integró un cúmulo de relatos sobre las vivencias en el centro de salud, que la artista fue recopilando, y modelando en una serie de libros pictóricos realizados junto a funcionarios, además incluyó objetos producidos con pacientes/usuarios, mientras se encontraban en situación de espera.

El Área de Educación y Mediación de Matucana 100, a partir de una invitación de la artista, diseñó una acción de mediación, triangulando un trabajo territorial con comunidades que se reúnen en una experiencia común. Con ello M100 ejerce su rol de conector cultural, donde los supuestos convencionales sobre espacio-exhibición artística, y el rol de las instituciones se flexibilizan, generando una instancia de intercambio y creación emergente,  en que se puso en relación la obra antes descrita, el hospital donde toma residencia la obra, el barrio donde se sitúa el hospital, y un segmento de sus habitantes, representado por un grupo de potenciales pacientes/usuarios: estudiantes y docentes de dos colegios vecinos, Liceo Miguel Luis Amunátegui y Liceo Emilia Toro de Balmaceda.

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El diseño de la acción de mediación, inicia con el arribo a la sala de clases de un mediador de M100. Su objetivo es estimular a las y los estudiantes a vivir una obra de arte contemporáneo. En complicidad con los docentes, se les invita a un recorrido por el barrio, solo mencionando que se dirigen a un patio de luz, donde se sitúa una instalación artística. Para apoyar ese propósito, se les entregó un dispositivo de mediación impreso, en que se inscribe la imagen esquemática de un cubo, y la siguiente instrucción: “imagina que esto es un patio de luz”, el impreso contemplaba además, una definición del concepto patio de luz, extraída de un texto técnico de arquitectura. La omisión de información, buscaba potenciar la autonomía de los estudiantes, de manera de no pre-instalar lecturas que contaminaran las propias, una vez que se encontraran con la obra en el hospital. Para relevar el lazo de la experiencia con el territorio, se les encarga observar a las personas con las que se crucen en el recorrido, y que escojan a una, e imaginen su historia de vida. Una vez en el lugar, recorren (a la deriva) la instalación artística. Una funcionaria, les saluda y les comenta sobre la memoria y el patrimonio del Hospital San Juan de Dios, que se destaca, entre otras cosas, por ser el primero en Chile, fundado en 1552, a finales del gobierno de Pedro Valdivia. Por su parte Francisca Aninat, les comparte los propósitos de su obra y los principales rasgos del proceso creativo. Posteriormente, se les pide que escojan un objeto de los que componen la muestra, e imaginen posibles historias para éste. Resulta interesante mencionar, que al mismo tiempo que las/los estudiantes habitan la instalación artística, otros usuarios y funcionarios también, eso permite que espontáneamente interactúen, intercambiando información y anécdotas. Como cierre, se les llama a conjugar un último relato imaginario, que acontezca dentro este patio de luz, y que integre a la persona y al objeto escogidos.

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En síntesis, la acción de mediación propuesta por M100, constituye un proceso relacional, que contribuye a resignificar el hospital, el que sin perder esa condición, es investido como espacio artístico, gracias a la obra que Francisca Aninat instala ahí; y por otro, se constituye en un territorio de expansión pedagógica, que emerge de un tránsito del aula al patio de luz y que adquiere connotación simbólica en el proceso, configurando un acontecimiento con rasgos performativos, que decanta en una serie de relatos creados por los y las estudiantes que participan de la experiencia. Sumado a lo anterior, hay que destacar el potencial interdisciplinario de la situación educativa pues, gracias a la naturaleza del espacio, se activan en la visita conocimientos previos de biología, historia, lenguaje, además de artes visuales, estimulando la producción de nuevos saberes a partir de los cruces que emanan de la creatividad de las y los jóvenes.