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M100 conecta con Latinoamérica: presencia en festivales de Argentina y Brasil
¿Qué preguntas comparten hoy los escenarios de Chile y Argentina? La participación de Matucana 100 en el Festival Internacional de Buenos Aires permitió observar de cerca la creación trasandina, encontrarse con programadores internacionales y explorar futuros cruces de obras, artistas y públicos a ambos lados de la cordillera.
Una obra termina, se encienden las luces y comienza otra parte del teatro. Fuera de escena, entre conversaciones, encuentros y agendas cruzadas, programadores de distintos países intercambian nombres, descubren trabajos y empiezan a imaginar dónde podría viajar una creación después de su última función. En festivales internacionales, buena parte de la circulación de las artes escénicas se juega también ahí.
Ese fue uno de los focos de la participación de Matucana 100 en el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), realizado en septiembre en la capital argentina. Gustavo Carrasco, Programador de Artes Escénicas de M100, asistió al encuentro para conocer parte de la creación contemporánea trasandina, fortalecer redes y explorar posibilidades de intercambio entre Argentina, Chile y otros circuitos internacionales.
FIBA 2026 desplegó durante 12 días una programación de teatro, danza, performance, música y propuestas interdisciplinarias. Según información del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, participaron proyectos de Argentina y otros 14 países, con actividades distribuidas en 35 sedes de la ciudad. Junto a las funciones, el festival cuenta con un mercado orientado a conectar la producción escénica con programadores y representantes de festivales y espacios culturales de distintos lugares del mundo.
Para Carrasco, esa dimensión convierte al encuentro en una vitrina comparable, dentro del circuito regional, con instancias que existen en Chile alrededor de festivales internacionales.“Es un festival internacional que llama a programadores de distintos países a ver sus obras”, señala.
La lógica parece sencilla -alguien ve una obra y eventualmente decide programarla-, pero detrás existe un proceso más amplio. Participar de estos espacios permite seguir trayectorias artísticas, conocer metodologías de trabajo y establecer relaciones que pueden madurar durante meses o años antes de convertirse en una invitación, una coproducción o una nueva fecha en otro país.
¿Qué está preguntando la escena argentina?
El viaje también permitió hacer algo menos cuantificable: tomarle el pulso a una escena.Más que buscar únicamente títulos para futuras programaciones, Carrasco puso atención a las preguntas que aparecen en las obras argentinas y a la manera en que dialogan -o se distancian- de las inquietudes presentes en Chile.
“Muchas veces, en Latinoamérica, vienen estas preguntas: ¿Qué preguntas se están haciendo ellos en base a su contexto? ¿Y qué preguntas nos estamos haciendo nosotros?”, comenta Carrasco.
En ese recorrido identificó preocupaciones que atraviesan las fronteras: el posthumanismo, las guerras o la conducta humana aparecen como materiales de creación en distintos trabajos. Los temas pueden encontrarse; las formas de abordarlos, no necesariamente.
Una de sus observaciones tiene que ver con los procesos creativos. En parte de la escena argentina que pudo conocer, señala, existen experiencias desarrolladas en espacios pequeños y mediante periodos prolongados de experimentación. En Chile, en cambio, muchos procesos están ligados a proyectos con tiempos de ejecución más delimitados. No se trata, advierte, de una regla para comparar dos escenas completas, sino de una diferencia que apareció durante su paso por el festival.
También llamó su atención una relación que en Buenos Aires tiene una larga historia: la del público con el teatro. La cantidad y diversidad de espacios escénicos permite una circulación constante de espectadores y propuestas, formando un ecosistema donde conviven salas de distintas escalas, circuitos independientes y grandes escenarios.
Esa densidad es precisamente uno de los elementos que hace relevante mirar lo que ocurre al otro lado de la cordillera: no para replicarlo, sino para entender qué condiciones producen otras maneras de crear y encontrarse con el público.
De Buenos Aires a Matucana 100
¿Qué recibe el público de M100 cuando uno de sus programadores participa en un encuentro de estas características?
La respuesta no necesariamente es inmediata. Una conversación sostenida en un festival puede convertirse más adelante en una obra argentina presentada en Santiago, en el viaje de una creación chilena al extranjero o en una colaboración que todavía no tiene nombre.
“Generar estos vínculos y participar en este tipo de eventos permite visibilizar la presencia chilena y abrir nuevas oportunidades para que obras que han sido presentadas en Argentina puedan llegar también a Chile”, explica Carrasco.
La circulación, en ese sentido, funciona en ambas direcciones. No se trata solamente de observar qué producciones extranjeras podrían incorporarse a una programación futura, sino también de mantener a la creación chilena dentro de las conversaciones internacionales y ampliar las redes desde las cuales pueden surgir nuevos intercambios.
Para Carrasco, además, traer producciones internacionales a un centro cultural como M100 tiene una dimensión concreta relacionada con el acceso. “Es la oportunidad de ver creaciones internacionales de Argentina, de España, Italia, etc.; y que muchas veces uno no tiene el espacio o recursos para hacerlo”, señala.
Ahí aparece una de las consecuencias menos visibles de estos viajes. Antes de que una obra cruce una frontera y llegue a un escenario existen funciones vistas, conversaciones, contactos y decisiones de programación. Participar en FIBA permite mantener abierto ese circuito y pensar a Matucana 100 no solo como un lugar donde las obras llegan, sino también como un punto desde el cual pueden continuar viajando.
M100 en Brasil
Entre el 7 y el 11 de abril de este año, Cristóbal Gumucio, director ejecutivo de Matucana 100, llegó hasta la Rodada de Conexiones del Festival de Curitiba. Durante esos días, el encuentro se convirtió en una ventana hacia la escena artística brasileña: programadores y representantes culturales de distintos estados se reunieron en pitchings y jornadas de intercambio para presentar proyectos y compartir parte de la diversidad escénica de un país de dimensiones continentales.
El recorrido permitió a Gumucio encontrarse con propuestas provenientes de distintas zonas de Brasil, además de espectáculos argentinos y trabajos que transitaban entre el teatro, la danza y el circo contemporáneo. Entre las propuestas que llamaron su atención estuvo una versión contemporánea de Edipo Rey en formato de ópera, junto con trabajos de circo desarrollados por compañías afrobrasileñas. Según relata: “Esta invitación es sumamente interesante porque es un festival muy amplio que sucede en todas las ciudades de Curitiba, y que permite hacerse una idea profunda de la escena artística internacional”.
Pero más allá de las obras vistas, el encuentro abrió la posibilidad de conocer a representantes de espacios culturales de São Paulo, Río de Janeiro, Pernambuco y otros estados, ampliando una red de contactos que M100 ya había comenzado a construir en visitas anteriores.
Los vínculos, sin embargo, no apuntan necesariamente a resultados inmediatos. La idea es que esos primeros encuentros puedan transformarse, con el tiempo, en colaboraciones, coproducciones y nuevas rutas para la circulación de obras. “La escala de Brasil es gigante, entonces se hicieron contactos y eso es algo que hay que ir trabajando de aquí hacia adelante”, aclara Gumucio.
Así, la presencia de M100 en el Festival de Curitiba de Brasil, se suma a una búsqueda más amplia: acercar las escenas culturales de distintos países de Latinoamérica y generar puentes que permitan un intercambio cultural a través de la escena artística.
M100 en Córdoba
Más que un festival tradicional, Mercado Girart funcionó como un espacio de reunión para programadores y productores de distintos lugares de Latinoamérica y Europa. Para Gustavo Carrasco, programador de Artes Escénicas de Matucana 100, la instancia en Córdoba permitió conocer la escena local y observar qué obras podían proyectarse hacia otros países de Iberoamérica. También fue una oportunidad para encontrarse con representantes de otros espacios culturales chilenos, como GAM, Santiago a Mil y el FINTDAZ, y generar posibles rutas de circulación para las obras.
La programación no terminaba con el cierre de las funciones. A partir de los encuentros entre programadores podían surgir nuevas alianzas y recorridos para las producciones: una obra argentina, por ejemplo, podría comenzar su circuito en el norte de Chile para luego llegar a Santiago. “Uno ve algo interesante de Argentina y planea una ruta de programación”, explica Carrasco, quien destaca que estos espacios permiten no solo conocer nuevas propuestas, sino también establecer vínculos de trabajo entre instituciones.
La edición de este año, llevada a cabo desde el 11 al 14 de agosto, estuvo además marcada por una preocupación que atraviesa al sector cultural en distintos países de Latinoamérica: los recortes presupuestarios destinados a las artes. En ese contexto, Carrasco señala que el encuentro también permitió poner en valor la necesidad de fortalecer las alianzas y defender el lugar de la cultura. La discusión, explica, estuvo presente incluso entre las autoridades argentinas que participaron de la instancia y que destacaron la importancia de sostener el financiamiento de las artes.

